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Entrevista a Cristina Peña

Una Casa dentro de nuestra casa

Cristina aparece con la energía de tranquilidad que la caracteriza, que yo personalmente agradezco mucho. Tengo problemas con la grabación de la entrevista y no le importa esperar; está sosegada y eso me sosiega. Esa tranquilidad durará hasta el final de nuestro encuentro, donde le digo, con la inseguridad nerviosa que me poseen los trabajos: “no sé si he grabado esto”, y ella me dice: “bueno, pues lo hacemos otra vez”.

Cristina es un bombón de persona. Es lo que a mí me parece: dulce, buena, despejada y chula. Todo ello lo transmite en su trabajo, en sus piezas de cerámica y en todo lo que hace, que, a pesar de no aparentarlo debido a esa parsimonia que emana, es una persona de alta producción laboral desde hace años.

Pienso en ello mientras me lo cuenta y me siento una privilegiada: por estar haciéndole una entrevista, porque haya parado conmigo este momento para eso, y por tener piezas de Casa Peña desde hace años.

Yo, antes de Casa Peña, no entendía ni admiraba la cerámica como lo hago ahora.

Con estas preguntas pretendo que nos acerquemos a ella un poco más, aunque Cristina siempre ha ido bastante a pecho descubierto, mostrando lo que siente y convirtiéndolo en maravillas, colándose con sus piezas en cada una de nuestras casas.

Así creo que percibimos y sentimos Casa Peña, dejando la puerta abierta de nuestra casa para que entre su casa.

Una casa dentro de otra casa… de nuestra casa.

P: Es sabido que Cristina es ceramista y arqueóloga, entonces en mi imaginario, y supongo que en el de muchas personas, Cristina había estudiado arqueología y más tarde había acabado en el mundo de la cerámica. Y no era así.

¿Cómo surge Casa Peña? ¿Cómo apareció la cerámica en tu vida?

R: Pues en realidad fue un poco diferente. Yo soy diseñadora gráfica, hice la carrera de diseño, y es verdad que me encontraba en un momento personal un poco complicado. Y quizás busqué una excusa para dedicarme tiempo a mí misma, aunque fuera una vez a la semana.

Me apunté a un taller de cerámica. ¿Por qué? Pues porque, dado mi trabajo de diseño, estaba muy saturada de todo lo digital, de todo el tema de clientes que te coartan la creatividad con los proyectos, y necesitaba algo que huyera completamente de mi día a día y de mi trabajo, que era con ordenadores.

Es verdad que yo, desde pequeña, dibujo, desde los seis años, y siempre he estado en contacto con temas de manualidades, todo lo que implique hacer algo con las manos, ¿no? Entonces, bueno, entré un poco en la cerámica por curiosidad, me gustó y me quedé ahí.

Es cierto que topé con un taller un poco malo también, porque más que un taller era como una especie de coworking. Al final me vi pagando una plaza en un sitio donde no estaba aprendiendo y empecé a trabajar desde casa.

Dejé el taller y, en casa de mis padres, en la misma mesa donde trabajaba, quitaba el ordenador y me ponía con la cerámica. Empecé un poco de manera autodidacta. Con el paso del tiempo —creo que esto fue en 2019— y en 2022 fue cuando nació la marca.

En esa franja de años estuve haciendo una cerámica un poco más experimental, trabajando con esmaltes y formulaciones de esmaltes también a nivel más químico. Me fueron saliendo encargos, piezas más personales, en el sentido de que me pedían introducir frases o expresiones para utilizar como mantra, como tener un plato que siempre estuvieran viendo en su casa y leyendo.

También tuve un encargo de una serie de azulejos por el Día de Andalucía, con frases en andaluz, y me gustó mucho el tema de la caligrafía en la cerámica. La caligrafía es algo que también trabajé mucho en la carrera de diseño, así que empecé a meterme en ese mundo más gráfico, aplicando diseño gráfico a la cerámica.

En ese momento vi que mi lenguaje cerámico había cambiado, que empezaba a darle forma a una marca, pero que ya no se asociaba a lo que yo hacía antes ni a la marca que tenía antes. Y fue cuando se desarrolló toda la identidad nueva de la marca.

Luego, a nivel de formación, el tema de arqueología es algo que he hecho hace poquito, porque claro, a nivel académico y de formación reglada como tal de cerámica no tengo.

Acabé trabajando con un alfarero como una especie de aprendiz de taller en torno, pero no tenía una formación como tal. La arqueología es algo que siempre me ha llamado la atención. De hecho, llegué a entrar en la carrera, pero al final me decanté por diseño, y era como una espinita que tenía ahí.

Vi que había una formación de arqueología en concreto aplicada a la cerámica, así que me metí también por curiosidad, me lo saqué y ahí estoy un poco ahora también con el tema de arqueología.

P: __ Interrumpo el final__ El alfarero, ¿quién era?

R: Alfonso Rot, un alfarero de la Rambla que tenía un taller en Málaga. 

P: Hablando de Málaga, tú tenías en Málaga incluso un sitio físico de Casa Peña, ¿verdad? ¿Qué pasó? Porque actualmente ya no estás en Málaga, ¿no es así?

R: Lamentablemente me he tenido que ir de Málaga.

P: ¿Y qué ha pasado con eso? ¿Cómo ha sido eso?

R: Pues conseguí montar un local allí en Málaga, en concreto en Churriana, que es donde he crecido y donde viven mis padres. Y al cabo de un año me comentaron que iba a haber una subida del alquiler, no era negociable y yo si subía el alquiler del local no lo podía mantener porque además ya te digo, estaba en casa de mis padres, me quería independizar y no podía mantener un local y una vivienda. Entonces me fui de ese local, seguí mirando. En ese momento no había ningún local, tampoco podía como paralizar mucho más tiempo mi actividad porque al final eres autónoma y tienes que seguir trabajando. No podía volver a casa porque ya todo lo que implicaba el mobiliario del local lo tenía que meter en algún sitio y me vine a Jaén. 

Ya, aquí estoy. Prácticamente a diario consulto tema de vivienda y de local en Málaga, pero cada vez está más complicado.

P: O sea, que estás en Jaén por la situación de la especulación.

R: Sí. Es verdad que estuve contemplando varias provincias y, bueno, Jaén, Úbeda en concreto, es Patrimonio y hay mucha actividad alfarera; había una asociación de alfareros. Quise tirar también un poco por ahí, por tener como ese “abrazo” de otros artesanos del oficio.

Entonces me vine a Úbeda y empecé aquí la actividad. Al año, la casera necesitaba la casa —yo trabajaba desde casa, no había alquilado ningún local—. Dada la experiencia, pensé en averiguar primero dónde quería estar antes de montar otra vez un local y pasar por todo eso, que a nivel emocional y mental también fue un daño.

Y bueno, trabajaba desde casa, pero al final nos hemos tenido que mudar otra vez y ahora estoy en Jaén capital, en el centro. Al final sí estoy viendo que es un sitio que me gusta y que apuesta por la artesanía: desde el Ayuntamiento y la Diputación se hacen muchas cosas y cuentan con los artesanos y artesanas. Comparado con Málaga, la verdad es que en ese sentido está bastante bien.

P: Háblame de la cerámica que haces. ¿Cómo consigues que sea tan personal y, a la vez, tan reconocible para todo el mundo? Supongo que es algo natural, pero me llama mucho la atención cómo, viendo una pieza tuya en cualquier parte, cualquiera sabría reconocer que es tuya. Y, al mismo tiempo, logramos reconocernos en ella, tanto quien te conoce como quien no. Conseguir eso me parece una tarea encomiable.

También veo, y sé por ti —porque yo no soy seguidora de este tipo de arte más allá de conocer a algunas personas destacadas—, que hay una fuerte inspiración de la cerámica Fajalauza. Háblanos un poco de esto, de cómo llegas a ese nivel de inspiración.

Además, hay una cosa que me gusta mucho de lo que haces: es un producto, una artesanía, como lo queramos llamar, en el que se percibe claramente que es algo andaluz, pero no es falso. No sé si me explico: tiene una identidad andaluza real desde su creación, no construida solo para vender. Creo que eso, tal como lo veo yo, también lo percibe la mayoría de tu clientela, porque es bastante evidente.

R: Pues mira, cuando empecé en la parte de ornamentación, mi trabajo siempre se ha mantenido en la misma línea: estudiar la ornamentación de piezas antiguas en museos de distintas provincias. Al principio eran piezas básicamente andaluzas. Por eso, en mis inicios hay quizá un guiño mayor a la fajalauza, porque al final se produjo muchísima cerámica a gran escala y los restos arqueológicos que se conservan son, sobre todo, de este tipo. Entendiendo por fajalauza lo que asociamos a la cerámica granadina, que no es solo fajalauza como tal, sino también otras producciones.

Hubo un momento que supuso un punto de inflexión, porque no quería que pareciera que hacía únicamente cerámica granadina y sentía que no se estaba reflejando realmente mi trabajo de búsqueda de ornamentaciones antiguas.

Entonces me abrí un poco más. Estuve investigando sobre los orígenes de estos ornamentos en Granada, así como en otras zonas como La Rambla, Málaga o Huelva, ampliando a todas las provincias de Andalucía. Eso me llevó también a la cerámica griega, romana e incluso al arte rupestre, es decir, al origen de muchas de las inspiraciones presentes a lo largo de la historia de la cerámica decorada.

Una vez tengo esa ornamentación planteada por estilos y épocas, lo que hago es reinterpretarla. Tomo formas y figuras, sobre todo elementos vegetales, de distintas piezas y las transformo. Por ejemplo, si hay un círculo concéntrico, en vez de hacerlo perfectamente regular, ondulo la línea. Es una manera de reinterpretar esas formas antiguas y llevarlas a un punto de vista más contemporáneo.

Para mí, recuperar la ornamentación histórica se quedaba un poco vacío si no podía justificar un trabajo desde Andalucía y para Andalucía solo con ese recurso, ya que abarca otras épocas y lugares. Por eso también apoyo mi trabajo con frases y expresiones. Es algo que me sale de forma natural, porque forma parte de lo que todos aquí hemos vivido desde pequeños. También es una forma de buscar lo común y compartirlo entre quienes formamos parte de Andalucía, trasladándolo a la cerámica: materializar ese lenguaje, esas maneras de relacionarnos, esas expresiones.

Al final, creo que así se consigue un proyecto que habla de Andalucía desde dentro, sin convertirla en un souvenir. Muchas veces se cae en el tópico y en lo superficial, en una imagen que podría ser cualquiera y se queda ahí. Sin embargo, aunque a simple vista se vea, por ejemplo, un plato con una frase, detrás hay mucha historia y mucho trabajo.

P: Cristina, me hablabas antes de la necesidad de desconectar de lo digital cuando trabajabas como diseñadora gráfica, y de cómo ahí es donde entra la cerámica en tu vida. ¿Qué papel han jugado las redes sociales en todo esto? Entiendo que han sido un vehículo para dar a conocer la marca, pero también un arma de doble filo.

Me gustaría que nos hablaras también sobre la usurpación de trabajos en redes sociales. En tu caso, ha sido especialmente llamativo ese plagio directo de tu obra.

R: Bueno, yo una cosa que llevo haciendo hasta día de hoy, desde que empecé con la marca, desde que lancé el rediseño de la marca, es que he trabajado todos los días. O sea, no ha habido ni un solo día en el que no haya trabajado. Es verdad que en los últimos dos años es cuando me he cogido vacaciones, pero yo todos los días hacía piezas. Entonces, en eso también al final se ve reflejada un poco la evolución en el trazo, en la letra, en el tipo de ornamentación, hasta que ya se ha llegado, digamos, a consolidar lo que es mi imagen y lo que la gente asocia a mis piezas.

Yo las redes sociales y todo lo que es marketing lo llevo fatal porque al final no me dedico a esto, no entiendo nada. Y es algo que, sinceramente, nunca me he preocupado por ello. O sea, yo hacía piezas y llegó un momento en el que empecé a meterme en el tema de los mercadillos porque iba acumulando muchas.

Yo tenía mi trabajo, seguía trabajando como diseñadora, y hacía esto como una excusa para dedicarme tiempo a mí misma, como una afición en mis ratos libres, no como un trabajo. Entonces llegó un punto en el que empezaba a acumular piezas, me enteré de que se organizaban eventos y mercadillos culturales y quise participar para ver si vendía alguna.

Cuando empecé a vender, todo ese dinero lo reinvertía en materiales para seguir trabajando. Y en el momento en el que no me renuevan el contrato durante la pandemia en la empresa de diseño —bueno, era una empresa aeroespacial, pero yo llevaba la parte de diseño—.

En ese momento me empiezo a tomar el tema de los mercadillos un poco más en serio, porque al final los ingresos venían de ahí y, si quería seguir trabajando en cerámica y haciendo más piezas, necesitaba esos ingresos. Y como iba haciendo piezas, les hacía fotos, un poco más en contexto, a lo mejor sobre mesas, sobre manteles de mi abuela, pero eran fotos que, ya te digo, salían de mí, o sea, no eran pensando en un marketing ni en una idea de marca, eran fotos por gusto que subía a las redes sociales y a la gente le gustaban por eso, porque creo que se veían identificados con esas piezas, con esas estampas, con esas imágenes, y las compartían.

Entonces, es verdad que mi inicio en internet fue mucho del boca a boca y de que compartían mi trabajo.

Nunca he hecho campañas de marketing a conciencia, ya te digo, porque ni sé ni me interesa en el sentido de que no me he visto en la necesidad, no me he formado en eso, no tengo tiempo tampoco porque bastante ocupa el tema de la producción como para dedicar también a redes. Si he pensado en meter a gente, pero siendo autónoma es un poco complicado sacar todos los meses ese dinero fijo para tener una persona en condiciones como trabajando contigo, ¿no? Al final yo creo que también ha habido una evolución en el tema de cómo mostrar mi trabajo en redes y en internet, he acabado simplificando, generando más importancia en lo que es la pieza. utilizando fondos blancos y eso es lo que la gente quiere, o sea, yo cuando a lo mejor subo algo de mi vida o una foto más en contexto, no funciona también como una pieza pelá y mondá que se lleve todo el protagonismo y eso es lo que la gente busca. 

Entonces, en ese sentido, en tema de redes de digital, la fotografía es algo que me gusta. Tampoco me suponía mucho hacer una foto de una manera o de otra, y no le echo cuenta a las redes, de verdad que no le echo cuenta. Intento contestar mensajes, pero es que a diario se me acumulan cientos de mensajes, ya llega un punto en el que no soy capaz de sacar ese tiempo, de sentarme y de dedicarle a la gente el tiempo que necesita y la respuesta que necesita. Intento tener tanto en la página web como en redes toda la información para que nadie tenga ninguna duda y la puedan consultar, lo que pasa es que no leen, no la consultan y te siguen preguntando. Por eso también se me acumulan mensajes. Pero es que no le echo cuenta a la red, es que subo una foto por subir, por mostrar trabajo y lo quito. 

Y luego yo creo que también una cosa que funciona muy bien es mi manera de venta. Pero fue también, yo creo, eso. Al final había como una idea de negocio mal planteada a nivel de artesanía, porque si estamos vendiendo que somos artesanía, tenemos que trabajar como tal. Es decir, no te puedes comparar a una industria o a algo seriado o a algo como Amazon, que te da esa inmediatez de hoy lo compro y mañana lo tengo.

Entonces, yo creo que siempre he sido muy natural y muy abierta en ese sentido. Siempre he explicado que soy una persona, que estoy sola, que tardo esto. Que no puedo hacerte un envío de hoy para mañana; si tú quieres esta pieza, esto tarda tantos días en procesarse, tantos días en empaquetarse y tantos en llegar a tu casa, ¿no?

Y parece que la gente que se ha ido acercando a mi trabajo comprende esas cosas y llega a entender los tiempos. Para hacerlo un poco más sencillo para todos, lo que hice fue que una vez al mes es cuando vendo las piezas por la página web. Me tiro un mes trabajando el máximo de piezas posibles y las subo. Entonces, ese día son las ventas y ese día es cuando se vende, y ya te digo que la gente lo entiende. Luego, claro, el tema del empaquetado, de que cada pieza vaya envuelta individualmente, lleva su tiempo.

P: Y no sé si estarás de acuerdo conmigo en que la gente te ha empezado a conocer por ahí, por las redes, o sea, que han sido tu vehículo de entrada al público.

R: Sí, ha sido básicamente como un escaparate de mi trabajo. 

P: ¿Y cómo has vivido y cómo ha sido para ti la parte de la usurpación en redes y el plagio? Porque, a la vez que creo que puede ser una herramienta de escaparate para que conozcan tu marca, también lo es para que se convierta en un despiporre de copia y de cosas chungas.

R: Pues es algo que llevo bastante mal y que no termino de aprender a gestionar porque, al final, como mi trabajo es bastante personal y la mayoría nace de recuerdos de mi familia, de familiares que ya no están, lo hago con muchísimo amor y con muchísimo mimo. Cuando se dan estos casos, te impacta bastante porque es como ver una pieza vacía, una pieza mal ejecutada y una copia de algo que es tuyo, que ha nacido de ti y que es parte de ti.

Entonces, de primeras te sienta muy mal. Hay casos muy diferentes, cuando a lo mejor te viene alguien y te dice: “he ido a un taller, me he cogido un dibujo tuyo, me he inspirado y he hecho esto y te lo quiero enseñar”. Ahí también tengo como un poco de conflicto, porque dices: “bueno, por una parte te lo agradezco, que me lo cuentes, que te inspires en mi trabajo”, y al final también gusta que la gente se lance a este mundo de la cerámica y lo ponga en valor gracias a ti, ¿no?, y como que eres su referente.

Y por otra parte, manda narices: ven a mis talleres, hazlo en mis talleres y no te vayas a otro taller a hacerlo porque son más baratos, porque lo tienes más cerca o por lo que sea, ¿no? Pero es como si quieres apoyar mi trabajo, apóyame a mí, porque yo tengo que vivir de esto también; si no, no puedo seguir trabajando.

Y luego por otra parte están los profesionales, entre comillas que se dedican a esto y que copian tu trabajo.

Se me ha dado el caso también de profesoras de universidad, profesoras de colegio, personas, digamos, que son funcionarias, que tienen sus sueldos fijos.

Se ha dado el caso de otros artesanos, se ha dado el caso de otras personas conocidas que lo han hecho. 

Y al final, a mí lo que me sienta mal es que lo resuman en que esto es cerámica andaluza y que ellos están haciendo cerámica andaluza, que yo no me he inventado nada porque son cosas que están ahí, que las frases de toda la vida son de todos, y que al final mi trabajo se resume en que es una frase en un plato, una frase en una pieza, y que la ornamentación es andaluza. Pero nadie es capaz de enseñarme un plato exactamente igual que el mío, con una frase, con esos colores y con esas características, porque no existe, porque es algo que se ha creado.

Entonces ahí está un poco la cosa de que no puedo hacer nada tampoco, porque luego el tema de los registros y la propiedad intelectual y todas estas cosas es un rollo para los artesanos. O sea, tú registras un diseño, pero si te cambian el color, una línea o una palabra, ya no te sirve ese registro, pues tampoco puedes hacer nada. Hay comparaciones, ¿no? Comparas una imagen con otra y es más que evidente la copia, el plagio, la inspiración, pero no puedes hacer nada.

Y se me ha dado el caso que la mayoría de estas personas pues tienen mucho morro y mucha caradura, entonces te echan narices y no se bajan de la burra.

_Apuntillo_: Ahí está. Eso es que lo estás haciendo bien, si no, no te copiarían, ¿eh? Además, como tú dices, se nota mucho cuando ves una pieza tuya frente a una copia.

Continúa Cristina: Claro, además las primeras piezas que hice, cuando empecé en esto, como era todo muy personal, muy de hobby, fui evolucionando. Yo entiendo que esas piezas las puedes asociar más a cierto estilo, pero lo que hago a día de hoy no, eso no.

_Interrumpo_: Ya no, y antes tampoco. 

_Sigue_:  O sea, bueno, y antes tampoco, pero como por llegar a justificar un poco que lo puedo llegar a entender, pero que no.

P: Cristina, desde que esto empezó como una forma de escapar de lo digital, porque no era tu trabajo principal, hasta llegar a trabajar, si no me equivoco, en los Grammy y también con marcas como Cruzcampo —no sé si quieres comentar aquí algunas de las cosas que has hecho—, ¿cómo se vive esto? Empezar algo porque te motiva a que termines trabajando con marcas muy grandes y en entramados muy grandes con tu marca.

R: Pues mira, yo este tema es algo que todavía a día de hoy me hace sentir un poco intrusa en este mundo de la cerámica. Creo que hay veces que, por las vivencias que has tenido, no terminas de confiar del todo en ti, ni en tu trabajo, ni en tus capacidades.

Y cuando te surge algo de este estilo, por ejemplo con Spotify, con Cruzcampo, con Dani García —que es una estrella Michelin—, montar exposiciones en París, no sé, una serie de cosas que he vivido que jamás me imaginé que iba a llegar a vivir, o que gente famosa, conocida, actores, actrices o presentadores te contacten porque quieren tu trabajo.

R: Yo algo que no me creo a día de hoy y que no entiendo… [titubea]. Es también algo que he sufrido mucho porque, claro, ven tu imagen y ven tu marca, y digamos que lo que hemos hablado, que es tu escaparate, ¿no? Pero detrás de eso estoy yo y tengo dos manos.

Entonces, muchas veces me vienen diciendo: “queremos reunirnos con el equipo, tal, porque no sé qué…”, como si pensaran que soy una fábrica o una industria. Y te piden una serie de cosas y tú dices: es que soy una persona, tengo dos manos y no puedo abarcar más. Y muchas veces he tenido que rechazar trabajo porque no puedo hacerlo.

Al principio cuesta un poco por eso, porque te están intentando contactar para ofrecerte un trabajo muy bueno, una oportunidad muy buena, con mucha visibilidad, con una marca importante, y yo no soy capaz a lo mejor de cubrir eso. Entonces me cuesta decir que no. He dicho que sí a todo y al final he sacado el trabajo, mejor o peor, pero lo he sacado adelante. Han quedado muy contentos siempre y creo que eso también ha sido un poco lo que me ha hecho darme a conocer y escalar en ese sentido: aprender de los errores de los primeros trabajos, aplicarlo a los nuevos e ir mejorando.

Y bueno, ahora evidentemente si me llega un trabajo sé decir que no y no me siento tan mal, porque sé lo que abarco y, para hacer algo a medias, prefiero hacer algo bien.

P: Y en ese sentido, entiendo, pero bueno, te lo tengo que preguntar: la dicotomía artesana e industria no está en tu mente, ¿no? Es decir, vas a seguir con la artesanía, siendo tú y tus dos manos y punto.

R: Yo creo que parte de lo que interesa de mi trabajo es eso. O sea, creo que si hiciera muchos platos de un mismo modelo o lo hiciera a nivel industrial, con máquinas o con estampación —hay maneras de agilizar el trabajo hoy en día porque hay muchos recursos, mucha tecnología y muchas máquinas—, creo que perdería valor.

Creo que precisamente lo que le da el valor y lo que hace que la gente lo valore y lo aprecie es que es una pieza única, y todo eso refuerza lo que implica la artesanía.

Entonces, de momento, no sé qué pasará el día de mañana si se presenta otra cosa, pero por ahora sí: voy a seguir sola, voy a seguir en lo artesanal y voy a seguir trabajando y luchando desde esta posición, quizás un poco más complicada y un poco más dura.

P: Bueno, esta pregunta no estaba preparada, pero me ha surgido mientras hablabas. Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención de tu trabajo es el precio. Porque cualquiera te vende las cosas a un precio que tú dices: “Vale, está bien, porque es una artesanía, esta persona está sola, no es una cadena de producción”, pero en tu caso el trabajo siempre ha sido a un precio muy asequible, es decir, que cualquiera puede comprar o acercarse a un trabajo que son piezas únicas de una persona que, a lo mejor al principio no, pero ahora estamos viendo cómo esa marca, esa persona, ha llegado a trabajar con Spotify o en los Grammy Latinos.

Entonces estamos hablando de algo que llama la atención, por lo menos en la forma de trabajar, y que creo que forma parte de todo eso. No sé si tienes algo que comentar sobre esto, pero es algo que siempre me ha llamado mucho la atención.

R: Es muy complicado ponerle precio a tu trabajo, porque es verdad que es muy complicado. Es algo que siempre me ha costado, pero, por otra parte, mira, yo rica no me quiero hacer, la verdad. Vivo de manera muy tranquila, muy austera, no necesito grandes lujos, ¿sabes?

Y yo siempre he pensado que quiero hacer un producto para la gente como yo, es decir, gente que diga: “mira, yo me gastaría este dinero en esta pieza”. Entonces, siempre he pensado cuánto me gastaría yo en esta pieza o cuánto me puedo permitir gastarme con lo que estamos viviendo hoy en día y la situación en la que nos encontramos, que es horrible.

Yo no hago esto como para venderte las piezas por miles de euros o para hacerme millonaria. Soy muy consciente de la realidad. Soy muy consciente de lo que cuestan los materiales y del tiempo que implica cada pieza.

Y bueno, al final he conseguido una manera de poner precio que es en base a la cantidad de material que utilizo. Pues evidentemente, las piezas más pequeñas van a ser más asequibles porque son más chiquitas, se hacen más rápido y emplean menos pigmento y menos barro; y las piezas más grandes ya son para alguien que se quiere gastar un poquito más y quiere tener algo de un tamaño más considerable.

Siempre intento pensar en la gente que me sigue y en la gente que apoya mi trabajo. Es verdad que este año subí un poco los precios porque con todo el tema de la luz, del agua y demás lo tenía que hacer, ya que al final, aparte de ser mi pasión y de hacerlo con mucho amor, tengo que pagar facturas y tengo que vivir, y cada vez está todo más caro.

Entonces he tenido que subir los precios, pero creo que se siguen manteniendo en esa línea de ser asequibles y de que la gente se los pueda permitir, y que gente de a pie pueda tener una pieza única y especial, no simplemente gente con mucho poder económico y de esa chuminá.

P: Todo lo que has comentado a lo largo de la entrevista me lleva a un punto que es un título, porque tu forma de trabajar al final, y de dejarnos a las personas que podamos acceder a tu trabajo de una manera u otra, es “Habitando el barro”, el título de tu libro. Háblanos de esto, por favor.

R: Este libro surge también como propuesta por parte de una editorial, que se llama Dashbook. Y bueno, yo nunca me había planteado escribir un libro y mucho menos de cerámica, porque claro, a mí siempre me ha gustado mucho escribir. Yo escribo cosas por mi cuenta, pero no es algo que haya publicado ni algo que haya estado siempre relacionado con la cerámica.

Enfoqué el libro en un sentido más de qué libro me habría gustado tener a mí cuando empecé de manera autodidacta con la cerámica. ¿Por qué? Porque en este oficio hay mucho secretismo. Hay que tener en cuenta que es un oficio que se ha pasado de generación en generación y, antiguamente y por desgracia también hoy en día, estas familias alfareras son muy recelosas con la competencia.

Cómo trabaja una familia no se quiere contar a otra familia para que no les pisen el trabajo, para que no les copien y demás. Así que hay mucha desinformación porque los alfareros que quedan se callan y no lo cuentan, y las nuevas generaciones de su familia no van a mantener su legado y es algo que se va perdiendo.

A mí me gusta mucho una de las cosas que hago en tema de búsqueda de ornamentación, y es que en cada provincia que voy busco los talleres alfareros que hay y voy a hablar con ellos. De todas esas visitas voy sacando notas y voy cogiendo lo que me dice uno y lo que me dice otro.

Al final ha sido como una esponja, ¿no? Todo lo que es el camino autodidacta no es solo meterte en una biblioteca, mirar archivos y comprarte todos los libros que haya de cerámica, sino hablar con la gente, hablar con las personas que se dedican a esto y aprender de ello.

Son cosas que he ido adquiriendo a nivel de conocimiento, que he ido guardando en notas, en libretas, y lo que he hecho ha sido recogerlo todo en este libro. A mí no me gusta callarme las cosas, en el sentido de que creo que si alguien va a llegar al mismo sitio que tú por un camino diferente, lo va a hacer, da igual contarlo o no contarlo, porque si alguien quiere, a día de hoy busca la información y llega al mismo resultado, ¿no?

Entonces, tanto en los talleres que doy como en el libro, quería contarlo todo. Quería que la gente supiera realmente qué material tiene entre las manos, que sean conscientes de que son recursos quizás no renovables, que no se pueden reciclar en muchos casos, y que no se desperdicie material.

Últimamente hay un auge de la cerámica y de los talleres de cerámica y vino, cosa que también critico mucho en el libro, porque creo que la cerámica es un oficio que tiene tanto peso y tanta densidad como para mezclarlo con un vino o con “pasar una tarde allí pintando”, ¿sabes?

Toda esa información que no te dan quería recogerla de alguna manera en este libro y que fuera un apoyo para la gente que está empezando y que no entiende. Hay mucha gente que va a talleres de cerámica, les pasan cosas en sus piezas, se rompen, les salen mal, con burbujas, con grietas, no les sale el color intenso y no saben por qué, y preguntan en sus talleres y no les contestan porque volvemos al secretismo y a la desinformación que hay.

Por lo que también es un poco una guía para que la gente entienda por qué tiene esos resultados y experimente por sí misma otros caminos. Contar cómo funciona cada material, cómo funcionan las distintas pastas cerámicas, cómo funcionan los distintos colores según las pastas, el tema del horno, de las cocciones del horno, que también hay mucho secretismo con eso.

Nadie te explica ni te enseña el tema del horno, y también va un poco reflejado en el libro. Dado que hay gente que se inspira en mi trabajo, he hecho también unas plantillas para que trabajen sus piezas en los talleres, inspiradas en esas plantillas en concreto.

También hay una parte que dedico a lo que es la historia de Casa Peña y cómo surgió y desde dónde trabajo. Y luego el libro está dividido en tres partes: la primera parte, que es un poco más de origen; la segunda parte, que es todo el tema de taller; y la tercera parte, que es sobre mí y mi trabajo.

En la primera parte, la del origen, relaciono todo el trabajo que he hecho en tema de arqueología y de investigación de ornamentación en arte rupestre con la cerámica.

También es un poco una visión diferente a lo que te suelen mostrar. Entonces he intentado hacer un libro que no es una guía como tal de cerámica, sino un apoyo, una referencia o cosas interesantes que puedes descubrir de la cerámica y que nadie te cuenta.

Ahora mismo se encuentra en preventa hasta el 17 de abril. Una vez que pase el 17 se puede seguir comprando igualmente. ¿Qué pasa? que en esta preventa hemos hecho una serie de tickets dorados, cada ticket equivale a una pieza y se van a meter aleatoriamente dentro de los libros.

Entonces, bueno, tú compras en preventa y, si te toca el ticket dorado, tienes una pieza personalizada gratis en ese sentido. Y a partir del 17, los libros que se vendan ya no entran en ese sorteo de pieza.

El link lo tengo en mi biografía, pero también se puede comprar a través de la página de Dashbook o en mi página web, donde también tengo un enlace directo al libro para la compra.

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Llegados a este punto, espero que no les quede ninguna duda y compren el libro de Casa Peña, para habitar junto a Cristina el barro. 

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