Buscar

Era más fácil no cantar reggaetón que no cantar rock 

O cómo despedir a nuestros héroes

A algunas de nosotras fue la cultura de izquierdas, la antisistema, la que nos enseñó a ser objetos. Sus objetos. Sus putas o sus estrechas. Sus amigas. Sus defensoras. Sus hijas, sus sobrinas, sus alumnas. Fueron el rock, los cantautores, el punk y la Internacional los elementos de nuestra socialización como mujeres al servicio de esos hombres revolucionarios: los de nuestro barrio, los de nuestra casa, los de nuestro grupo de música, los del partido, los del sindicato, los de nuestra cuadrilla.

Era mucho más difícil darse cuenta de que fuimos agredidas porque nos agredieron ellos, los nuestros, porque la sumisión se nos había vectorizado a través de los gritos de las manifas, a través de la supuesta liberación sexual, a través de los cánticos compartidos y los pogos en los conciertos, adorando a hombres que, en cambio, no nos habrían adorado a nosotras ni en mil años.

Qué fácil habría sido identificar una agresión con fuerza física de alguien de otro barrio, de otra ideología, de otra clase social. Pero a las agresiones que creímos consentir, a los abusos de poder de los hombres que creímos que eran los nuestros, a esos no pudimos ponerles nombre hasta décadas después. Aunque sufrimos igualmente la violencia, sus secuelas y sus consecuencias.

A las que fuimos contestatarias quizás nos resultó más fácil identificar el machismo explícito del reggaetón, cuando llegó, que el de la música que conformaba la secuencia de nuestro ADN social. Yo ya hace veinte años fui insumisa de bailar Dame más gasolina y Yo soy tu gatita, y cada vez que sonaban (era primeros de los 2000 y yo estudiaba la carrera) me quedaba quieta y seria haciendo boicot y un análisis sociológico de mi alrededor mientras mis amigas seguían bebiendo y bailando. Y eso que aquellas letras no eran nada comparadas con las de ahora.

Pero, ay, el rock y los (y no las) cantautores. Esos eran de los nuestros. Creímos que la lucha era común, que las consignas eran compartidas, que nuestro grito era el mismo y por la misma causa justa. Pero nunca llegaron a tratarnos como iguales. Ellos se iban de putas pagando y también sin pagar, porque la revolución sexual patriarcal les había regalado putas gratis (nosotras). Pero es que además también tenían su servicio doméstico, de crianza y sexual oficial (también nosotras), contratado en el ayuntamiento, porque en los 80 se empezaron a llevar las bodas civiles. En resumidas cuentas: a ellos, que se cagaban en el sistema, no les temblaba el pulso al explotarnos.

Siempre me da pena la muerte de alguien que ha creado arte y cultura que nos han emocionado y acompañado. Entiendo el duelo y la nostalgia de muchas porque, si algo tiene la música, como todo arte, es que nos toca el corazón y apela al amor, a la admiración, a esa fiera defensa de “no es perfecto, pero no me lo toques”. Como cantaba Pablo Milanés: «no es perfecta, mas se acerca a lo que yo simplemente soñé». 

Precisamente por eso, la cultura creada mayoritariamente por hombres (porque a nosotras apenas nos han dejado crearla —estábamos criando y cuidando, currando gratis o por muy poco dinero—), con su mirada y dominio patriarcal, ha sido la herramienta perfecta de nuestra socialización de género. De darnos a beber veneno rebajado con poesía como si fuera agüita de la fuente.

No puedo no mirar el mundo desde la perspectiva que considero justa. Aun asumiendo que nadie es perfecto, aun amándonos y admirándonos con nuestras humanas incoherencias y defectos, no puedo aceptar como “imperfecciones” de los hombres el dominio, el maltrato ni la explotación hacia nosotras. No compro vocal ni acepto pulpo como animal de compañía. La izquierda amplia, como todo el pensamiento antisistema, se ha resistido siempre (tanto como el resto de posiciones políticas de los hombres) a vernos como iguales.

Sí, me entristece la pérdida de quienes nos han acompañado con su arte durante una generación o más. Pero más pena me da de mí y de todas nosotras, más pena me da recordar a las niñas y adolescentes abusadas que fuimos bajo la banda sonora de sus canciones y sus consignas, más pena me da que nos hayan arrebatado el derecho humano a vivir libres de violencias, más pena me da de las niñas y las mujeres que no pudimos ser y que ya nunca llegaremos a ser.

Las que seguimos luchando por un mundo más justo podemos reconocer ciertas obras, pero ya no podemos ni queremos separarlas de sus artistas. Y a mí, aunque me entristece por lo que me ha supuesto de pérdida de inocencia, pero también de ignorancia, me cuesta mucho honrar a un hombre que no nos ve como iguales.

Desde luego, era más fácil boicotear al reggaetón que dejar de cantar rock, punk, cantautores; todos antisistema, revolucionarios, de izquierdas. Era más fácil, y sigue siéndolo, escuchar su poesía como si nos hablara de un amor por nosotras, que reconocer que en realidad no éramos nosotras las que les importábamos; que sólo se importaban entre ellos.

Porque la desilusión, amiga, la desilusión es como el feminismo: ya nunca volverás a sentir lo que sentías cuando estabas ciega, pero tampoco querrás volver atrás. Efectivamente, afortunadamente, la desilusión es como el feminismo: un jarro de agua fría que puede salvarnos la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Jose Maria Pedrosa Muñoz.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a WordPress que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso.    Más información
Privacidad