
La trampa de la crianza respetuosa
Sé paciente. No grites. No pierdas la calma. Acompaña sus emociones mientras regulas las tuyas. Sé una madre presente, consciente, disponible. Hazlo con amor, con ternura, con tiempo. Y, además, trabaja fuera de casa, sé independiente, realiza tu trabajo con excelencia, prepara meriendas conscientes, mantente en forma, cultiva tu mundo interior y permanece emocionalmente disponible. Siempre. Mantén la casa limpia y ordenada. Cuida la pareja. Reserva tiempo para ti. Y, por supuesto, no te atrevas a quejarte. Porque tú elegiste ser madre, ¿verdad? La crianza respetuosa ha llegado —y menos mal— para recordarnos algo que como sociedad habíamos olvidado peligrosamente: que niñas y niños son personas. Que merecen dignidad, empatía y cuidado. Que sus emociones importan. Todas. Que educar no