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Sobre Zorra

Acostumbrada a escuchar desde la banda todas y cada una de las miradas que se clavan sobre las distintas intervenciones de las mujeres, una vez más pensaba en simplemente no participar del acto. Sin embargo, no deja de parecerme curioso que el tema del momento dentro del panorama español vuelva a ser, mutatis mutandis, una participación femenina en la gala de Eurovisión. Sobre todo por lo bien que una controversia de este tipo disimula los conflictos políticos que rodean a la propia Eurovisión desde hace algunos años (como la participación de Israel en el mismo).

Con todo esto en la cabeza, y habiendo leído hasta la saturación el revuelo que una canción había causado, decidí escucharla y juzgar por mi misma. Y efectivamente me pareció que las críticas cumplían su función de obnubilar problemas mayores que nos afectan a nivel global. La canción, no me pareció para tanto. Ni para bien, ni para mal.

Creo que toda la potencia de la crítica que la rodea depende necesariamente de que la cantante sea una mujer, solo eso. ¿Pero quién escribió la letra? ¿Quién la música? ¿Quién la produjo? Yo no lo sé, pero creo que los datos que nos interesan saber de cara a hacer un análisis feminista tienen más que ver con las participaciones de facto de las mujeres en la cultura, y no solo con quien la cante. Eso sí, la participación de las mujeres en la cultura es solo una pequeña parte de todo el análisis que podemos hacer, pero antes de hablar de feminismo, cabe señalar cuales son las condiciones de posibilidad del mismo, entre las cuales, la más importante es efectivamente el espacio que se les da a las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. De esto se sigue una simple y sencilla razón: no es legítimo exigirles a las mujeres que sepan de feminismo, pero sí es exigible la participación equitativa de las mismas. Esto puede parecer contraintuitivo, pero en realidad exigirle a más de la mitad de la población mundial que tenga unos conocimientos específicos y algo parecido a una conciencia de clase, es lo mismo que exigirles a las víctimas que sean conscientes de su situación de víctimas. Exigirles a las personas que sean conscientes de todos los entramados que su conciencia —así como la conciencia colectiva en tanto que sociedad y cultura— desarrolla a lo largo de sus vidas de cara a dar sentido a la realidad en la que vivimos, es exigirles una educación que ni siquiera les hemos proporcionado, o diría más, una educación que sobrepasa por mucho el conocimiento que tenemos de nuestra propia historia. Todas y cada una de nosotras hemos llegado al feminismo después de un largo y arduo recorrido en busca del porqué sentimos, somos y vivimos de una determinada manera. Pero a veces parece que se nos olviden todos los errores que cometimos y seguimos cometiendo en el camino, entre los que por supuesto está imponer un determinado pensamiento, sea o no feminista, pues esto no deja de ser un atentado contra la reflexión propia.

La letra no es feminista, pero ¿acaso toda cultura producida por mujeres ha de ser obligatoriamente feminista? El jurista y filósofo Carl Schmitt a principios del siglo XX planteó una noción que tiene mucho que ver con esto, o mejor dicho, tiene mucho que ver con este interés político en generar controversias cuya finalidad es enfrentar sectores de la población: el concepto de amigo-enemigo. Si lo aplicamos a las mujeres es muy fácil ver cómo estas divisiones internas han funcionado y siguen funcionando muy bien de cara a disolver cualquier atisbo de conciencia colectiva real. Y así ha ocurrido muy claramente durante el transcurso del antiguo ministerio de Igualdad.Así pues, si hablamos más allá de la letra (y de la participación de las mujeres en su creación), personalmente la canción me ha recordado a la época de la bola de cristal y de Alaska y los pegamoides. Sin tener yo ni idea de música, a nivel oído me ha parecido que representa bastante bien lo que era la España que yo tengo en mente cuando recuerdo los primeros años de mi infancia, y eso lo veo como algo a favor, o por lo menos a tener en cuenta en una representación de cara al mundo. Muy sentimental por mi parte, pero creo que nada desencaminado, pues esto es precisamente lo que me ha hecho pensar en todo lo que obviamos cuando lanzamos una crítica que lleva incluido algún reproche de tipo feminista. Al final el problema vuelve a ser el mismo, discutimos sobre qué es un insulto hacia las mujeres o no y nos olvidamos de que estamos gobernadas y gobernados por una horda de puteros con poder suficiente para seguir insultándonos sin repercusiones.

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Nerea Pin Portela

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