Buscar

Cuando dejan de llamarnos mujeres

Ayer dejé de seguir un perfil que hablaba de menstruación que había empezado a seguirme a mí y que, su nombre, apuntaba maneras. 

Spoiler: NO

Lo hice con una pequeña tristeza, porque la iniciativa me parecía bonita: charlas en colegios, información, romper tabúes. Todo eso me parece necesario.

Pero leí “personas menstruantes” y «personas con útero».

Y algo en mí se tensó.

No fue rabia inmediata. Fue una incomodidad más honda. Como cuando notas que una palabra no encaja en el lugar donde debería estar tu nombre.

Yo he sangrado. He tenido dolor. He tenido diagnósticos escritos con tinta médica sobre mi cuerpo de mujer. He vivido y vivo tratamientos hormonales y he perdido la posibilidad de ser madre no en abstracto, sino en esta carne concreta.

Y ahora resulta que, cuando hablamos de menstruación, ya no somos mujeres.

Entiendo la intención inclusiva. La entiendo de verdad. 

Existen personas que no se identifican con su sexo biólogico. Me cuesta comprenderlo. No me cuesta respetarlo.

Por lo que no paso es porque, para incluir, haya que borrarnos en el lenguaje.

Porque la menstruación no es un fenómeno neutro. No es un dato fisiológico sin historia. Ha sido motivo de burla, de vergüenza, de discriminación. Nos han llamado histéricas, inestables, impuras. Nos han medicalizado. Nos han infantilizado.

Nos.

Mujeres.

La palabra mujer no es una etiqueta intercambiable. Es una categoría política construida sobre una realidad material: el sexo. Sobre eso se ha levantado el feminismo. Sobre eso se han contado estadísticas de violencia, de pobreza, de brecha salarial, de carga mental.

Cuando dejamos de decir mujer en aquello que es específicamente femenino desde el punto de vista biológico, algo se mueve bajo nuestros pies.

Yo no quiero excluir a nadie.

Pero tampoco quiero que mi cuerpo quede reducido a “persona con útero”.

Porque no soy un órgano.

No soy una función.

No soy un perímetro anatómico.

Soy mujer.

Y me inquieta que en los colegios se enseñe a hablar del cuerpo femenino evitando nombrar a las niñas como niñas. Me inquieta que el lenguaje cambie más rápido que la reflexión. Me inquieta que cuestionar esto te coloque automáticamente en un lugar de sospecha moral.

No escribo desde el odio.

Escribo desde el desconcierto.

Desde una generación que creció luchando por poder decir “soy mujer” sin pedir perdón, y que ahora siente que tiene que explicar por qué esa palabra importa. Y lo peor es que, ¡hay que explicárselo a otras mujeres que se llaman feministas!

Quizá el mundo sea más complejo de lo que era.

Quizá el lenguaje esté buscando nuevas formas.

Pero ojalá no olvidemos que nombrar también es proteger.

Y que a veces, en nombre del cuidado, podemos terminar diluyendo aquello que queríamos defender.  

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Ana Muñoz Hinojosa.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a WordPress que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso.    Más información
Privacidad