Educa en el feminismo, educa en la crítica social.

Alma García

Deja de criar hijos e hijas obedientes.

No es bueno. No les haces ningún favor. No serán más felices. Ni tendrán mejores trabajos o parejas.

No viajarán más, ni serán más independientes ni harán mejores amistades.

Deja de criar hijas e hijos disciplinados.

Deja de pensar que hacerte caso es lo mejor que puede pasarles.

No sabrán defenderse de las injusticias ni distinguir aquello que claramente se merecen de lo que no. No tendrán su propio filtro y la fuerza para defender aquello en lo que creen. No sabrán revelarse.

Tendemos a confundir obediencia con “buenos modales”, con educación, con saber seguir las normas. Y en parte podría ser así pero ¿qué pasa, esencialmente en ellas,  si no le recuerdo que tienen su propia voz, deseos, necesidades? ¿Qué ocurre si no les permito decir no, negarse, no aceptar, no estar de acuerdo anulando su más valioso poder?  

En los niños esto crea inseguridad, y en las niñas, además de esto, sumisión.

No hablo de que no les guíes por esta vida basándote en tus años de experiencia y madurez. No digo que no les digas que el cazo quema mientras está en el fuego y mejor no lo toquen.

Hablo de cuando les insistes en que saluden y quieran a todo el mundo de clase y que deben respetar sin rechistar a su docente. Tú no lo haces en la oficina.

Hablo de cuando le aseguras que debe invitar a todo el aula a su cumple. Ídem.

Hablo de cuando le regañas por no mostrar interés y sonrisa a un comentario adulto.

Hablo de cuando le riñes por no aceptar lo que le quieren dar o no agradecer el halago ajeno.

Hablo de cuando además de poca edad, le recuerdas constantemente que es de pequeño tamaño, de pequeña voz, de nulo poder. 

Hablo de cuando le amenazas por no comerse todo lo del plato. 

Hablo de cuando le dices que ha de ponerse esta ropa porque, basada en tu criterio, tu calor, tu frío, tus gustos y tus preferencias, es la mejor. 

Hablo de cuando le dices que ha de respetar siempre a sus mayores.

¿Te has parado a pensar que si piensas todo tú no lo está haciendo su cabeza? No se te ocurre ir a clase de matemáticas y recibir sus lecciones porque no eres tú quien debe aprender a sumar pero si eres quien decide lo que deben y no deben hacer todo el rato sin espacio a sus necesidades y deseos. ¿Pretendes que luego sepa desenvolverse en un mundo emocionalmente complicado?  

Hablo de cuando le dices que no corra desnudo por casa o la playa, que es de mal gusto. 

Hablo de cuando le educas para bajar la cabeza, para saber que siempre habrá alguien que mandará sobre él o ella.

Hablo de cuando, criado bajo el yugo de un padre o una madre que le arrebató su propio criterio, busque una pareja que le siga diciendo qué hacer, dónde y con quién. 

Lo llaman sobreprotección. Luego amistades tóxicas y finalmente pasa a llamarse maltrato.

Hablo de criaturas ahora, personas adultas futuras, con mentes brillantes trabajando o estando con quien no aman por miedo a no ser lo bastante buenas. Por no saber decidir.

Quiero hablar de madres y padres libres, con coraje, quiero hablar de familias auténticas.  Personas que guían, ayudan, respetan y muestran. 

Personas que ponen en duda, que preguntan y escuchan.  Hablo de familias sin tabúes, que supera miedos y vergüenzas, que establecen relaciones auténticas. Y eso significa fallar, escuchar lo que no se quiere, ceder, aprender y aceptar.

Y hablo de feminismo porque son personas que anteponen el colectivo a los sentires, la gente a las individualidades, que educan infancias que se conocen, respetan y se aceptan, que no siguen modas ni más necesidades que la suya propia de ser. 

Hablo de una manera de criar revolucionaria que crea una infancia revolucionaria. 

¿Hay algo mejor que tener criaturas libres de cadenas e imposiciones con un profundo amor por sí mismas?

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