Heterosexualizar a lesbianas, gays y bisexuales.


26/05/2021
Secciones: Opinión
Temas: Política, Sociedad
Autoría: Guille Magán
Edición: Anyta Belle
Ilustración:

Medicar la pluma.

El pasado 18 de Mayo los grupos parlamentarios de la pseudoizquierda líquida e identitaria intentaron colar sin éxito una Ley trans calcada a la del ministerio de igualdad. Basada en creencias mágicas con justificaciones absolutamente risibles, se llegó a hablar de que si los niños que quieren ser hadas son, por tanto, niñas. Si, en el congreso de los diputados español.

La poca altura política y la pésima calidad argumentativa sería incluso cómica sino fuera por las consecuencias que tienen este tipo leyes que, camufladas de progresistas suponen en realidad un retroceso en toda la legislación conseguida por y para las mujeres y sus derechos basados en el sexo. Lo que sucede con la “ideología trans” es que lleva suponiendo para gays, lesbianas y bisexuales décadas de violencia y usurpación de espacios, así como una rápida fagocitación por parte de la T del resto de letras de las siglas.

El mes que viene se celebra el Orgullo 2021. El lema elegido para este año es “Sororidad y feminismo para TRANSformar ¡Mujeres lesbianas, trans y bisexuales en acción! ¡Por las más vulnerables!”.
Me da la impresión de que la intención de las entidades organizadoras no es la de poner en el centro a las mujeres atraídas hacia su mismo sexo; lesbianas y bisexuales. Sino más bien la de seguir generando aún más presión para que las mismas acepten a hombres autoidentificados como mujeres en sus espacios ya de por sí escasos, vulnerables e invisibilizados.

Sabemos que las mujeres autoidentificadas como “hombres”, más conocidas como “hombres trans” son en su mayoría lesbianas que solo por nacer con sexo femenino son potenciales víctimas de violencia sexual y reproductiva masculina. No aparecen en el lema del Orgullo 2021.

Hay un nuevo armario para los hombres y las mujeres atraídos hacia nuestro mismo sexo. Y es algo que no creo que nadie vaya a reivindicar el mes que viene. Como decía Arty Morty en uno de los últimos The mess we are in, existen paralelismos con lo que significaba ser gay o lesbiana adolescente en los noventa y lo que significa ser gay o lesbiana en 2021 negándote a aceptar la ideología transgenerista. Se pierden amigos, se te insulta, se te amenaza, se te calumnia y vuelves a sentir la sensación de tener que volver al armario en según qué contextos para que no te acusen de odiador u odiadora o incluso de tener “fetiches genitales”.

Aparte de binario, el sexo es inmutable. Es binario ya que las personas somos solo capaces de producir dos células sexuales; óvulos y espermatozoides. Incluso el 0,05 de personas en España que nacen con alguna alteración cromosómica, denominadas intersexuales son hombres o mujeres ya que producen o son potencialmente capaces de producir unas células u otras. Dependiendo de la variante de la alteración cromosómica que padezcan, ya que a veces ésta puede provocarles esterilidad. Esto, en ningún caso convierte a este grupo de personas en un tercer sexo.

El sexo es inmutable ya que todas y cada una de las células de nuestro cuerpo están sexuadas. Por tanto, el negocio de la medicina transexual que inventó términos como “reasignación de sexo” o la propia palabra transexual son estafas. Si el equipo de científicos que estuvo examinando el osario en el convento de las trinitarias de Madrid buscando a Cervantes diera con los huesos de Bibiana Fernández concluirían: varón de 67 años.

La distinción que se hace, desde algunos discursos críticos a las numerosas leyes trans, entre transexual y transgénero me resulta curiosa, aunque en cierto modo entendible. Es decir, entiendo que un varón homosexual, castrado química y físicamente no suponga para algunas mujeres una amenaza tan obvia en sus espacios como un señor heterosexual que se auto identifica como mujer lesbiana. Aun así, para muchos de nosotros y nosotras los hombres y mujeres atraídos hacia nuestro mismo sexo, la ley de 2007, tan celebrada en su día, supuso un retroceso en la lucha contra la homofobia y la abolición del género. De hecho, esa ley ordinaria de hace trece años ya introduce el término “identidad de género”. Fue un error, señalarlo ahora ya no sirve para nada pero es necesario ser consciente de dónde venimos para saber a dónde vamos.

Sabemos que los chicos gays y las chicas lesbianas, especialmente aquellos que no se conforman con los roles sexuales impuestos más estereotipados hemos sido a lo largo de la historia los más vulnerables y los más rentables para la medicina transexual. Transgénero, transexual, queer, no binario, agénero, género fluido… Da igual. Son todas cabezas distintas de la Hidra de Lerna cuyo corazón es la medicina transexual y el negocio que supone para laboratorios farmacéuticos, plataformas en streaming, firmas de moda de lujo, marcas de cosmética, etc.

El origen de lo que hoy conocemos como medicina transexual está indefectiblemente ligado a una sociedad y a una comunidad médica tremendamente homofóbica. Mientras en Estados Unidos y en muchos países de Europa se practicaban terapias de electrochoque e incluso lobotomías a lesbianas y gays en centros psiquiátricos. La misma comunidad médica empieza de manera experimental a desarrollar procedimientos y cirugías de “cambio de sexo” en los cuerpos de hombres y mujeres atraídos hacia su mismo sexo.

Existen casos especialmente paradigmáticos como el del soldado homosexual George William Jorgensen más conocido como Christine Jorgensen. Un soldado homosexual que ganó en 1953 el premio “La mujer del año”. En los años cincuenta en Estados Unidos los soldados homosexuales que fueran descubiertos eran desposeídos de sus medallas y honores.

Es fácil encontrar los orígenes homofóbicos de la medicina transexual. El médico danés Carl Vaernet ya experimentó con homosexuales en campos de concentración nazi utilizando estrógenos sintéticos, entre otros experimentos médicos que se realizaron en nuestros cuerpos con el objetivo de “curar” nuestra atracción hacia personas del mismo sexo. Ninguno de aquellos experimentos realizados durante el holocausto nazi habría pervivido hasta hoy con tantísimo éxito, a pesar de seguir siendo una “disciplina” experimental sino hubiera sido porque el capital y en concreto la industria farmacológica vio un filón multibillonario.

Tampoco estaríamos hablando de oscurantismo en las cifras de casos. No interesa recabar datos y mucho menos que éstos sean públicos cuando hablamos de tratamientos de heterosexualización de homosexuales con fármacos de uso off label experimentales cuyos efectos secundarios se han probado devastadores y con cirugías irreversibles. En España según las leyes trans autonómicas aprobadas se debería de estar llevando un registro minucioso. La única clínica que se está obligada a hacer públicos los datos sobre lo que está haciendo ha sido la clínica Británica Tavistock , dependiente del sistema nacional de salud. A raíz de la sentencia a favor de la joven lesbiana Keira Bell esos datos han revelado el preocupante impacto de la propaganda transgenerista en los jóvenes gays y bisexuales y especialmente en las jóvenes lesbianas y bisexuales.

Trabajadores de esta clínica, como el antiguo jefe de personal ya jubilado, David Bell, en conversación con Channel 4 asegura, entre otras muchas cosas, que la homofobia y el intento de terapia de conversión son una de las motivaciones de las derivaciones a la clínica. Otros miembros del personal que han preferido conservar su anonimato para The Times aseguran que es la homofobia de muchos padres y madres de los y las menores la que causa la derivación a este tipo de servicios. Más concretamente lesbofobia, y un sexismo rampante, ya que el aumento exponencial de casos de niñas como Keira es alarmante. Igual de alarmante es la pornificación de nuestra experiencia. La presencia de hombres heterosexuales autoginefílicos autoidentificados como “mujeres lesbianas” en espacios LGBT que coaccionan, chantajean y presionan a lesbianas para mantener relaciones sexuales con ellos bajo la amenaza de ser expulsadas de los espacios que ellas mismas han creado y ser perseguidas con las antorchas de la transfobia. Un coctel entre las terapia de conversión cristianas de toda la vida y cultura de violación del porno que inunda los dispositivos electrónicos de cada rincón del planeta.

A través del mismo canal, el porno; se fetichiza a “hombres trans” y muchos hombres bisexuales (que se identifican como gays) nos acusan a gays de transfobia y de tener filias genitales por negarnos a mantener relaciones sexuales con personas del sexo femenino. Esto a gays es raro que nos ocurra aunque en el momento en el que escribo estas líneas un chico gay británico ha visto su cuenta en Grinder suspendida por decirle “no quiero quedar contigo porque me gustan los hombres” a una persona de sexo femenino autoidentificada como hombre gay.

Es difícil y doloroso ver el apabullante número de gays, lesbianas y bisexuales que ven esto, lo entienden, pero tienen miedo a hablar. Seguiremos hablando, no pararemos de hablar contra este absurdo y contra toda esta homofobia velada.

GUILLE MAGÁN

3 comentarios

  1. Gracias Gulle por tu valentía por denunciar esto y por difundirlo, te admiro
    Un abrazo Belén Galán

  2. Es cierto. Yo ya he perdido amistades y de verdad que cuido mucho con quién hablar al respecto. En mi Twitter he borrado mi nombre y sacado mi foto porque cuando te reuitean, suelen burlarse e insultarte. Lo vengo viendo desde hace años. Esto es Homo, les y bifobia. Escucho a madres y padres decir felizmente que «su hija no era lesbiana, sino un hombre»… Y se les siente aliviados por ello. Se les quita esa culpa, esa carga moral de sentir que se equivocaron.

  3. Gracias por este artículo. Somos muchas personas las que estamos preocupadas por la facilidad con que se resuelven los conflictos de identidad a través de la medicina, pero lamentablemente somos criticados e incluso insultados por nuestros propios amigos. Y muchas veces el resultado es el silencio, como en mi caso, que ya no me atrevo a hablar del asunto con nadie.

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