Intersexualidad en primera persona

Nunca he sabido cómo empezar a escribir un texto sobre el cuerpo, o más bien sobre mi cuerpo, debido a que, sobre el cuerpo humano o el de otros seres vivos sí he tenido que escribir en muchas ocasiones porque estudié la licenciatura de biología y encima, en mis años de estudiante, estuve participando en una revista de divulgación científica, por lo que era una persona propensa a la turra.

Cuando comenzó la adolescencia me encontraba en un equipo de fútbol de las ligas de mi colegio y yo no sé qué le pasaba a mi carcasa pero por más ejercicio que hacía, por más entrenamientos a los que acudía, mis músculos nunca se desarrollaban y tenía un temblor que hacía que mis compañeros desconfiasen de mí, porque en un entorno muy competitivo y masculino, hay que ser una persona determinante y contundente. En una ocasión me sacaron para hacerme una revisión médica donde un doctor y un sacerdote se dedicaron a tocar y medirme los genitales sin saber qué tenía que ver con el rendimiento deportivo. Finalmente se me aconsejó que abandonase, no sin antes recibir una medalla y una copa por haber participado en todos los partidos de la liga. Mis excompañeros recalcaron que la copa era solo para que tuviese un bonito recuerdo pero que ni me creyese que jugaba bien.

Siempre he sido una persona testaruda y no abandoné el deporte, pasando a la liga de badminton donde sí encajé bastante, aunque estuviese desprestigiado a finales de los noventa y comienzos de los dos mil como un espacio para «mujeres y hombres débiles». La desconfianza y la violencia hacia mi cuerpo no me iban a abandonar, y tanto antiguos compañeros del equipo de fútbol y otros nuevos chavales que habían llegado al colegio medían su hombría machacándome en el vestuario. Ahora la excusa era que no tenía pelo en el cuerpo (excepto en la cabeza) y parecía una chica. No era el único que recibía un trato de mierda, después de la ronda de insultos, cogían a otro chaval que era homosexual, lo encerraban en una ducha y se liaban a darle patadas. Un día de la primavera de 2003, fui directamente a la dirección del colegio a denunciar las palizas que recibía esa otra persona. Me resulta curioso ese hecho porque hasta esa fecha nunca denuncié lo que a mí me pasaba, pero ver el trato cruel en tercera persona me sirvió para tratar de parar ese ciclo de agresiones continuadas durante años. El colegio avisó a familias, repartió amonestaciones y se hizo hincapié en tutorías de que se frenase la violencia, se buscara la convivencia y por un tiempo paró.

Aquello volvió a resurgir pero con la excusa ideológica y se volvió al mismo bucle, solo que ahora eran los patriotas contra los considerados rojos y antiespañoles, y en ese saco pues estábamos la misma gente de antes así sumada al alumnado rural, de ascendencia gitana, de otro credo religioso u atea. Me harté de denunciar todo lo que ocurría pero daba igual. Mis compañeros me amenazaban continuamente con que iba a estar muerto pronto y un día a la salida de clase fui atropellado por una moto. Ese día acabé en el 061, pero estaba ya tan cerca selectividad, que no quise denunciar los hechos sabiendo que acabarían pronto las clases y no volvería a ver esa gente nunca más. Sí que lo conté en clase pero no sirvió de mucho. La dirección me pidió disculpas por no haber sido capaz de detectar el acoso y poco más.

Durante la juventud, mi cuerpo seguía desarrollándose aunque muy lentamente, sin apenas tener pelos por el cuerpo, solo unos pocos por las piernas y alguno que salió alrededor de la zona genital. Fue en esta época cuando empecé a tener mis primeras relaciones sexuales donde además vi que me dolía horrores la penetración acabando por evitarla. Tanto mi novia como mis amigos en aquella época vieron que mis pechos no se parecían a los de los demás de hombres, y consultando en la biblioteca de la facultad dimos con que aquello se trataba de un caso de ginecomastia y que daba en los hombres el aspecto de tener una forma más típica de lo estéticamente femenino. Todo hay que recalcarlo, durante los años de la carrera no sufrí apenas ningún episodio violento y la gente de mi alrededor me cuidó muchísimo, pero daba igual, si íbamos a la playa no me quitaba la camiseta por temor a los cuchicheos, o cuando me fui a estudiar fuera, me tapaba los pechos con otra camiseta o un vendaje para evitar sentirme el foco de una peculiar feria de monstruos. 

Terminando la carrera y empezando a trabajar, preocupado por un dolor en los pechos y una ganancia de peso muy rápida en poco tiempo, acudí al SAS, el Servicio Andaluz de Salud, para saber qué me ocurría. En un principio el médico me recomendó que hiciera ejercicio e hiciera la ruta del colesterol del parque de mi barrio y volviese a ir. Volví un tiempo más tarde, y tras darle muchas vueltas, resoplando, me mandó al especialista y ahí empezó un periplo que abarcan aproximadamente unos ocho años, rebotando de consulta en consulta de Endocrinología a Reumatología pasando por Genética, y una tarde de agosto de 2014 saltó la sorpresa, acompañado de unos análisis donde estaba perfectamente sano había una carta con mi cariotipo donde se me recalcaba que genéticamente soy una persona XXY (y de regalo que era estéril… aunque eso no me ha importado tanto), o lo que es lo mismo intersexual, la I escondida de las siglas LGTBI

La intersexualidad puede causar mucha confusión en un inicio, porque a diferencia del resto de las siglas no va de identidades, ni de atracción, ni orientación sexual, sino de corporalidad, es decir, de tener una estructura corporal tanto externa como interna diferente al resto de los humanos, o como decimos en biología, un diferente genotipo y fenotipo. Dentro del colectivo LGTBI he encontrado una gran cogida e incluso aquí en Sevilla tenemos un grupo de trabajo propio llamado Krisol Por DDHH Intersex dentro de la Asociación Adriano Antinoo

Aunque también hay que recalcar la presencia de grupos minoritarios que por un lado rechazan a la «I» e incluso exigen el requisito doble de pertenecer a dos siglas a la vez y por otro, que se unen a la oleada reaccionaria de la derecha, que nos trata como personas enfermas, mutantes/anormales (uno de los insultos que suele usarse asiduamente en redes sociales haciendo un uso partidista y peyorativo de la ciencia). Esta tendencia se une a la que ya existe en la sociedad donde se nos trata de medicalizar o patologizar innecesariamente, así como que se nos trate aún con una legislación anticuada que nos califica aún como hermafroditas, que no podemos entrar en algunas secciones de la administración pública del estado.

Por suerte, dentro del campo de la ciencia y la medicina, las tendencias sí avanzan en otra dirección, viendo cómo la terminología hermafrodita está obsoleta y ahora se ha cambiado para usarse las siglas DSD (Desarrollo Sexual Diferente) así como intersexual, tratando de buscar un trato más humano. Para casos específicos se menciona el cariotipo existiendo hombres XX, mujeres XY, XXX, XXY, XXYY, XXXY, XXYY, XXXX, mujeres X0, XY sin 5 alfa-reductasa, XY con insuficiencia de andrógenos, etc. Y es que entrando en los otros tipos de intersexualidades también se descubren otros tipos de violencia sistémica como por ejemplo, las «cirugías correctoras» que es el nombre que reciben oficialmente las prácticas de mutilación genital a bebés recién nacidos en Europa, para que estas personas encajen en el sistema y que en gran medida han causado más problemas que soluciones. Actualmente desde 2019, la Unión Europea está promoviendo el cese de estas prácticas en sus países miembro aunque solo Malta y Portugal lo han llevado a cabo. En Andalucía, a través de Krisol se ha conseguido aprobar una Propuesta No de Ley para la defensa de los derechos humanos intersexuales en el verano de 2019 y durante esta primavera se está pidiendo que cesen las mutilaciones genitales, introduciendo una serie de artículos en la nueva ley de protección a la infancia de la comunidad autónoma, evitando además, criminalizar al personal médico, que en muchas ocasiones se ve también obligada a llevar a cabo estas prácticas.

Bernardino Julio Sañudo Franquelo

Biólogo, Urban Sketcher & Ilustrador

Miembro de Krisol ProDDHH Intersex Andalucía

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ver más

  • Responsable: Jose Maria Pedrosa Muñoz.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a WordPress que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.