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Testimonios de Jóvenes Afganas

1. Gimena

Hace unos años llegó a mis manos un libro que, sin yo saberlo, es la consecuencia de que hoy me acerque a ustedes. El libro se titulaba “¿Quién Escribirá Nuestra Historia?” de Samuel Kassow y era la compilacion de decenas de historias de judios atrapados en el Ghetto de Varsovia durante la invasion Nazi entre 1940 y 1943. Maestras, carpinteros, dependientas, artistas escribieron crónicas, poemas, ensayos y canciones sobre lo que estaban viviendo porque necesitaban que el mundo supiera la verdad, no a través de crónicas periodísticas, sino a través de sus voces.

La historia la escriben los vencedores, eso lo tenemos claro. Pero tal vez, más que su subjetividad, me preocupa que nos olvidemos que, detrás de ese relato excesivamente analitico, empapado en política y suntuosidad, narrado desde la perspectiva de un águila que sobrevuela la historia sin verse afectada en lo más mínimo gracias a la distancia que la separa física y emocionalmente de los hechos, hay historias de seres humanos. Hay niñas y niños, hay mujeres y hombres, hay madres y padres, hay sueños que nunca pudieron realizarse. Y al final, ¿qué es la historia sino un mosaico de esas realidades? 

Mi nombre es Gimena y doy clases a niñas afganas a quienes un estado terrorista les ha prohibido aprender, les ha prohibido jugar, y les ha prohibido existir. Niñas y mujeres que para algunos no fueron más que una moneda de cambio al momento de retirarse de ese país. Niñas y mujeres que ya hemos olvidado o en las que no pensamos demasiado porque nos cuesta reconocer que, tal vez, nuestro progreso como sociedad no sea tanto como creemos…porque mientras haya niñas y mujeres en este mundo que por su solo sexo son privadas de derechos fundamentales, poco importa cualquier otra discusión.

Estas niñas han encontrado en la escritura una libertad que les está totalmente vedada. Han encontrado su voz, su fuerza y su rebeldía. Pero, lamentablemente, eso no alcanza. Necesitan un público dispuesto a leerlas, dispuesto a sentirse incómodo y, hasta en cierto modo, dispuesto a reconocer que las hemos abandonado. Necesitan ser escuchadas y que se hable de ellas. Necesitan ser el foco del conflicto, porque al fin y al cabo, en cincuenta años miraremos atrás y nos preguntaremos cómo pudimos dejar que esto les ocurriera? ¿Cómo pudieron importarnos tan poco?

2. Samira

Hoy he estado media hora esperando el autobús en Calle Minaret. Cuando ha llegado, me ha parecido que no me había visto bien, así que le he saludado con la mano. Dentro hay dos secciones para mujeres, que tienen tres filas y en cada una deben sentarse cuatro mujeres.  Los hombres se sientan en la parte trasera del autobús.  En el autobús siempre huele a sudor, humo y suciedad. Me senté junto a una mujer que llevaba burka.  Debajo del burka asomaba su vestido redondo con falda de flores. El color de su vestido era azul oscuro y las flores eran amarillas. Llevaba zapatos negros de plástico y los pies pintados con henna. Yo llevaba un manto fino y la mitad de mi pelo asomaba por debajo del chal. Ella jadeaba bajo el burka porque había mucha gente y hacía mucho calor. Yo tenía un texto en inglés en la mano y estaba memorizando palabras. Mientras tanto, ella ni siquiera sabía leer ni escribir en persa. También le resultaba difícil hablar persa porque su lengua era el pastún. 

Me dijo con alegría infantil ¿Vas a ir a la universidad?

Me reí y le dije que sí. Me dijo: «Vale, entonces sabes leer y escribir». Bajó la cabeza y me dijo: «Es bueno para ti, hermana».  Le dije: «¿Has ido alguna vez a la escuela?  Me dijo que no.

No le pregunté la razón, ¡quizá era demasiado ridículo preguntarlo y la respuesta era demasiado obvia!

Le pregunté dónde estaba su casa y me dijo que vivía en Islam Qala.

Luego dijo: «Me casé hace cinco años y ahora tengo un hijo de cinco años. Mi hijo está enfermo y lo llevó al médico».

Le pregunté qué le pasaba.

Me dijo: Está muy delgado.  

Cuando una chica de quince años da a luz, no es de extrañar que el niño no esté sano.

“¿Estás estudiando para ser médica?”  Sonreí y dije que sí. Dije que estudiaba para ser médica, pero médica de la mente.

Dije: ¿No hay nadie a tu alrededor que te enseñe a leer y escribir, o hay algún curso donde puedas estudiar?

Ella dijo: «No, no. En nuestro pueblo, ninguna mujer ha estudiado, pero conocemos el Corán. Yo tampoco puedo estudiar porque mi marido no me lo permite. Si Dios quiere, los talibanes te permitirán estudiar. Cuando veo a una niña alfabetizada, me pongo muy contenta».

Desvié la mirada para ver a su marido, pero había varios hombres sentados en el coche y no pude reconocerle.

Cuando llegamos a la parada del hospital, le dije que debía bajarse. Se bajó con cuidado y, afortunadamente, no tropezó ni se cayó con el largo burka que llevaba, que era más alto que su estatura.  Cuando su marido estaba contando el dinero del billete, lo vi y lo miré con rabia.

Él no me vio y se limitó a avanzar, y la señora vestida con el burka y el niño les siguieron detrás.

3. Farzaneh

Aprendí a soportar esa religión islámica en la que poco a poco me vi obligada a cambiar los libros de inglés de mi bolso por el Corán.

Cuando cerraba la puerta despacio para que mi padre no se enterara, salí de la cocina y caminé sola, sintiendo náuseas por el estrés. Me acostumbré a los ojos de los hombres de la ciudad, esos ojos que me gritaban y me obligaban a seguir las reglas islámicas y a veces me amenazaban. Esos ojos de los hombres que miraban fijamente mi mochila en la calle.

Apreté el puño con más fuerza, mi corazón se balanceaba como una cuerda, daba pasos más grandes y miraba al suelo…

A todo esto, me acostumbré.

Pero ponerme detrás de una sábana negra y esconderme del mundo, eso es demasiado. 

Los taxis que huyen de las mujeres y niñas sin sábanas no son algo normal para mí. Vi a chicas volverse camaleones y cambiar su apariencia para poder desaparecer.

Hasta que los barbudos de la ciudad daban la orden, tenían miedo y cambiaban de color.

Textos originales de las jóvenes afganas:

Samira

Today, I was waiting for the bus for half an hour by Minaret Road. When it came, I felt that it hadn’t seen me properly so I waved.  Inside the car, there are two sections for women, which have three rows and four women should sit in each row.  Men sit in the back of the bus.  The bus is always filled with the smell of sweat, smoke and dirt. I sat next to a woman wearing a burqa.  And her round flower skirt dress was out from under the burqa.  The color of her dress was dark blue and the flowers were yellow.  She was wearing black plastic shoes and her feet were painted with henna.  I was wearing a thin mantle and half of my hair was sticking out from under my shawl. She was panting under the burqa because there were many people and the weather was extremely hot.  I had an English text in my hand and I was memorizing words. 

She did not even know how to read and write Farsi.  It was difficult for her to speak Persian because her language was Pashto.

She said to me with childish delight: Are you going to university?

I laughed, I told her I was indeed going!  She said, «Okay, so you are literate.» She lowered her head and said, «It’s good for you, sister.»  I said to her, did you ever go to school?  She said no!

I didn’t ask the reason, maybe it was too ridiculous to ask and the answer was too obvious!

I asked her where her house was and she said that she lived in Islam Qala.

She said, «I got married five years ago and now I have a five-year-old child. My child is sick and I take him to the doctor.»

I said, what’s wrong?

She said: He is very thin. 

When a fifteen-year-old girl gives birth, it is not surprising that the child is not healthy.

She said: Are you studying to become a doctor?  I smiled and said yes. I said I was studying to become a doctor, but doctor of the mind.

I said, is there no one around you to teach you to read and write, or is there a course where you can study?

She said: «No, no. In our village, no woman has studied, but we know Qur’an. I can’t study either because my husband does not allow it. God willing, the Taliban will allow you to study. When I see a girl who is literate, I  become very happy.»

I looked away to see her husband, but there were several men sitting in the car and I could not recognize him.

When we arrived at the doctor’s office, I told her that she should get off there. She got off carefully and fortunately did not trip and fall with the long Burqa she was wearing, which was taller than her height.  When her husband was counting the fare for the ticket, I saw him and looked at him with anger.

He did not see me and just moved forward, and the burqa-clad lady and the child followed behind them.

Farzaneh

I coped with that Islamic religious class in which I slowly traded English books in my bag for the korhan.

When I was closing the door slowly so that my father wouldn’t find out, I left the kitchen and walked out alone, feeling nauseous from the stress. I came to terms with the eyes of the men in the city, with those eyes that screamed at me and they forced me to follow Islamic rules and sometimes threatened me. I came to terms with the eyes of the men who were staring at my school bag in the streets, I clenched my fist tighter, my heart was swinging like a string, I took bigger steps and stared at the ground…

With all of this, I coped.

But putting myself behind a black curtain and hiding myself from the world, that is too much.

Those taxis that run away from girls without curtains are not a normal thing for me. I saw girls who became chamaleons to change their appearance and disappear.

Until the bearded people of the city gave an order, they were afraid and changed their color.”

Picture of Gimena, Samira y Farzaneh

Gimena, Samira y Farzaneh

7 comentarios

  1. No hay palabras que pueda justificar tanto sufrimiento absolutamente inhumano e innecesario.Me indigna tanto tanta injusticia y me propongo difundir estas historias de la realidad de todas estas mujeres y niñas porque siento que es una obligación moral y qué hay que ayudarlas de alguna forma.

  2. No tengo mucho que añadir. Siento profundamente fallar como sociedad y como mujer a otras mujeres. Gracias por vuestras palabras, la Historia también la contaréis vosotras.

  3. Cuanta injusticia en este mundo!!!! Ruego a Dios que ampare a estas y tantas otras valientes mujeres que ya tienen ganado el cielo… Mabel

  4. Que Dios proteja a estas y tantas otras valientes mujeres que ya tienen ganado el Cielo!!! Reciban de mi parte toda mi admiracion y mis mejores deseos para que este mundo finalmente cambie y haga justicia con ellas. Sinceramente.
    Mabel

  5. Gracias a tí Gimena, por acercarnos a estas realidades. Valoro muchísimo tu trabajo, porque creo sinceramente que son estas acciones, y el trabajo en red lo que nos ayuda a luchar contra lo injusto y atroz de este mundo. Me comprometo a compartir este trabajo y quedo a disposición para colaborar en lo que sea posible.

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