Entrevista a Antonio Manuel


06/05/2021
Secciones: Entrevista
Temas: Arte, Cultura, Política, Sociedad
Autoría: Anyta Belle
Edición: Chema Pedrosa, Isa Nestares
Ilustración: Hazeina Rodríguez

Fotografía Hazeina Rodríguez

Hola Antonio Manuel. Soy Ana, creadora y redactora de ‘Revoleo’. Ante todo, te agradecemos enormemente esta oportunidad, ya que todo el equipo de la revista es fiel seguidor tuyo.

1.- En primer lugar, tengo una pregunta que me despierta muchísima curiosidad: cualquier persona que asista a tus conferencias podría deducir que tu formación académica está relacionada con lo social y lo cultural. Sin embargo, eres doctor en Derecho. ¿Por qué decidiste realizar estudios universitarios de índole jurídica en lugar de histórica, por ejemplo?

  • Estudié el bachillerato científico y acabé estudiando derecho casi por casualidad. Y no sabes lo agradecido que le estoy a la vida porque así ocurriera. Es verdad que para muchos el Derecho es esa ciencia que permite defender que es de noche cuando es de día y a la inversa. Para mí, sin embargo, el Derecho es el arma y la garantía de los débiles para reivindicar justicia. Cuando eso no ocurre, me rebelo. En una de los cantes del próximo disco de “A Palos”, con JoseMari Cala y Carlos Llave, escribo: “Malditas sean las leyes como puñales sin alma, que los ricos afilan y en los pobres se clavan”. Y con todo el dolor de mi corazón, esa la historia de nuestro pueblo y de la Humanidad. Así que estudié derecho para intentar hacer la justicia que la historia nos ha negado a los más vulnerables. 

2.- Hablas constantemente del término “memoria”, más allá de su significado literal. ¿Qué significa para ti y por qué es tan importante?

  • La memoria es vida y la historia un fósil. La primera está escrita en el aire por los perdedores y la segunda en los libros por los que vencieron. Ambas se complementan y se necesitan como dos hermanas siamesas. Yo milito en el bando de los perdedores que se resistieron a olvidar y preñaron los sentidos de memoria para que sus hijos y los hijos de sus hijos tampoco olviden. Necesitamos descubrir sus claves, regresar al origen del origen para entendernos, para reconocernos en el espejo. Por eso es tan importante la memoria. La historia dice que Andalucía es un solar que poblaron y repoblaron conquistadores extranjeros para imponernos sus culturas. Y sólo es parte de la verdad. La otra verdad que no nos cuentan es que acabaron colocando estrellas tartesias en el reverso de sus monedas, encalando las paredes o lanzando quejíos al aire. La memoria es esa resiliencia y rebeldía popular que demuestra que la historia es una verdad a medias. ¿Cómo no va a ser importante para mí?   

3.- Ya que mencionamos la memoria: el auge de la extrema derecha y su discurso peligrosamente fascista, ¿crees que está relacionado con esa falta de memoria de la que hablas?

  • Sin duda. Hay múltiples razones para explicar este inadmisible fascismo que cualquier democracia no debería tolerar. Y menos la nuestra. Una de estas razones fue el mantenimiento latente de las estructuras de poder franquistas tras la restauración democrática. Y otra, el miedo incomprensible de los gobiernos, especialmente de izquierda, a eliminar sus privilegios de toda índole. Y a estas causas hay que sumar, por supuesto, la ignorancia impuesta y consentida sobre nuestra memoria sobre nuestro pasado, esa que habla de exterminio del distinto desde la misma fundación mítica del nacional catolicismo español. Al fascismo le repele la duda y la diversidad. Se funda en dogmas inatacables: todo aquel que no sea lo que yo soy, que no piense lo que yo piense, es mi enemigo, hasta el punto de despreciar la declaración universal de los derechos humanos para exterminarlo. Este discurso sólo puede entenderse desde la desmemoria hacia lo ocurrido con la expulsión de nuestros sefardíes, nuestros moriscos, la negación de nuestros negros, la persecución de nuestros gitanos, el desprecio a nuestros hermanos de Iberoamérica, africanos, o filipinos, la represión genocida a nuestros republicanos, a nuestras mujeres… Mucha de esa memoria sigue sepultada en fosas comunes y otra tanta en el olvido. Recordar es un gesto revolucionario en los tiempos que corren. Y amar, siempre.   

4.- Parece que repetimos los errores de nuestra Historia una y otra vez, tropezando siempre en la misma piedra, pues actualmente vivimos tiempos de racismo y xenofobia. ¿Acaso estamos condenados a vivir eternamente en la extranjerización de quienes ya son parte de nuestra diversidad cultural? ¿Puede ser que volvamos a vivir una era en la que la expulsión del diferente sea aceptada social y políticamente?

  • Me temo que sí. Es abominable que un Estado que se hace llamar social y democrático de derecho permita la existencia de formaciones políticas que niegan a humanos la titularidad de derechos humanos. Quien normaliza estos discursos, banaliza el mal y se muestra equidistante entre el culpable y la víctima, también es responsable de lo que está pasando. No caigamos en la trampa de los extremos. En un lado estamos quienes defendemos la diversidad y los derechos humanos, seamos de izquierda o de derecha, y en el otro quienes los niegan. Estos últimos son fascistas, sin más adjetivos ideológicos. Jamás pensé que hablaría en estos términos y el mero hecho de hacerlo confirma que debemos atajar este mal de raíz, esgrimiendo la ley, la razón y los derechos humanos.  

5.- Afirmas que hemos basado nuestra educación en mitos fundacionales, ocho siglos de nuestra Historia han sido amputados y nuestros jóvenes no aprenden la Historia real de Andalucía. ¿Qué solución propones?

  • ¡Ojalá fueran ocho! Son muchos más y, sobre todo, lo que nos han amputado es la mirada para no entenderlos. En nuestros colegios, institutos y universidades no se estudia la Hispania bizantina, clave para comprender la orientalización del sur y del levante peninsular. Se desconoce que los pueblos mediterráneos fueron cuna civilizatoria de Occidente y estaban más romanizados que los bárbaros centro europeos. Llamamos “invasión” a la conquista árabe-musulmana, olvidando el enorme sustrato cultural y la progresiva asimilación nativa, pero no utilizamos las mismas expresiones para la conquista romana, bárbara o castellana, por ejemplo. La solución pasa por entender que hemos sido, somos y seremos un crisol de civilizaciones, que nuestra identidad siempre fue hacer nuestra la civilización de quien nos conquistaba, que somos hijos de mil leches, y que Averrores, Wallada, Maimónides o Lubna son también nuestros y nuestras.

6.- Si necesitamos investigación para paliar este borrado, ¿Cómo puede conseguir financiación Andalucía para revelar sus orígenes si ni siquiera tenemos representación en el Gobierno central?

  • Creo que son dos cuestiones distintas, aunque íntimamente ligadas entre sí. Andalucía padece unos males estructurales derivados de una subordinación económica, política y cultural, tan grave y endémica que algunos han llegado al extremo de negarnos como pueblo. Por esa razón debemos empoderarnos y para eso precisamos utilizar mecanismos emancipatorios con los mismos fundamentos que el feminismo o los colectivos LGTBI, por ejemplo. Tomar conciencia de lo que somos y sentirnos orgullosos de ello, sin creernos mejores ni peores que nadie, sólo iguales entre distintos, distintos entre iguales. Y claro que hace falta dinero, pero antes mucha conciencia. Estoy seguro que la ruta es ésa: primero conciencia y lo demás caerá por su propio peso. 

7.- Sobre este tema tenemos un artículo en ‘Revoleo’: “La debacle del Partido Andalucista” que habla precisamente de la necesidad de la representación de Andalucía en el Congreso. Y aunque ahora existen nuevas iniciativas, no parece que el andalucismo vaya a formar parte de la política estatal, siendo la nuestra la comunidad más poblada de nuestro país. ¿Cómo crees que influye esto en las reivindicaciones de conocer nuestras raíces y luchar con orgullo por ellas?

  • Yo sí lo creo. ¿Por qué no? Andalucía es el único pueblo de Estado que consiguió su autogobierno por sí mismo, exigiéndolo en las calles y ganándolo en las urnas, en un momento de auge cultural y político donde el aire olía a verde y blanco como sinónimo de justicia social. ¿Por qué no habría de volver a ocurrir? ¿Acaso no hay miles de jóvenes andaluces hartos de emigrar para tener esperanza? ¿Hartos de no tener un trabajo o un salario digno para pagar el alquiler? Yo tengo claro que para eso necesitamos ejercitar nuestra autonomía, creérnosla. Tenemos suficiente capacidad humana y potencial económico para ser lo que queramos ser. Yo me lo creo. ¿Y tú?

8.- Deducimos que el Flamenco es una de tus grandes pasiones: hemos leído tu libro “Flamenco, arqueología de lo jondo” y nos parece revelador. Últimamente estamos viendo un apogeo de la “cultura” flamenca: moda, literatura y, sobre todo. música. Grupos como Califato ¾, Rosalía, Mª José Llergo, The Gardener o incluso C. Tangana en su último trabajo, se podrían considerar la vanguardia actual del Flamenco. Ante esto surgen debates y opiniones contrapuestas: están los que opinan que el Flamenco solo es ése, el llamado “jondo” y que todo lo demás es una deformación de la tradición; y, por otro lado, están los que aprecian el resurgir de un costumbrismo que parecía muerto y que de esta manera se reivindica Andalucía y se muestra al mundo una evolución constante. ¿Qué opinión tienes acerca del desarrollo de la cultura flamenca?

  • El Flamenco es vida o no será. El Flamenco es rebeldía o no será. El Flamenco es la voz de un pueblo que cantó para no olvidar y sobrevivir. Y cada vez que lo hacía, se sentía más nuevo y vivo que nunca. La jondura del Flamenco es un estado de ánimo que encuentra luz en lo más negro de la cueva. Y me rasga el alma una siguiriya si quien la canta siente que se rasga la suya. Y no me produce nada cuando quien la canta tiene lejía en las venas, aunque sea técnicamente impecable. Cuando el Flamenco se incorpora al siglo XXI se hace más Flamenco que nunca porque demuestra su ADN: que está hecho de vida y de rebeldía.

9.- Con respecto al Flamenco y la polémica también se ha hablado mucho de “apropiación cultural”, por ejemplo, en el caso de Rosalía. ¿Es el Flamenco exclusivo de los andaluces y andaluzas? ¿No suena esa reflexión a contradicción, precisamente ahora que el Flamenco está declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde noviembre de 2010?

  • El Flamenco se canta en andaluz aunque lo cante un ruso. Y se toca en andaluz aunque lo toque un chino. Y se baila en andaluz aunque lo baile un sueco.

10.- Ahora una difícil: ¿Si tuvieras que elegir un tema flamenco para transmitir de generación en generación, ¿Cuál sería?

  • “Fui piedra y perdí mi centro”, la soleá apolá que cantaba La Niña de los Peines, que ella aprendió de La Serneta, y ella de su abuela, y ésta de su madre y así hasta el germen del primer quejío. Esa letra confirma la conexión del Flamenco con el sufismo popular que hibridó en nuestra tierra los misticismos de la sobriedad y el de la ebriedad, que pasó de generación en generación hasta hoy, intacto en su esencia aunque se cante sobre bases electrónicas.

11.- Otra cuestión que desata controversia y sobre la que nos gustaría saber tu opinión es el “feminismo andaluz”. Por definición, el feminismo es internacional… sin embargo, hay corrientes que afirman que existe una escisión andaluza. ¿Qué opinas sobre esto?

  • No se puede ser universal sin ser de ninguna parte. Cuando reivindico que una mujer tenga los mismos derechos que un hombre, no es igual hacerlo en Nueva York que en Mali. Por citar un ejemplo burdo, las cifras del paro en Andalucía son mucho más duras que la media estatal. Si exijo igualdad para la mujer andaluza, no quiero que sufra la miseria del paro andaluz masculino, discriminado en relación con el resto del Estado. Hablamos de dos discriminaciones solapadas que sólo pueden corregirse de la mano. Y, de otra parte, el feminismo andaluz entronca con la resiliencia de la mujer andaluza, diferente y a la vez similar a la de otras mujeres marginadas o excluidas. Eran las mujeres andaluzas las que se empoderaron en las insurrecciones de la Comuna de Casares, de las faeneras en Málaga o de las cigarreras en Sevilla. Mariana Pineda era andaluza. Las cantaoras, tocaoras y bailoras Flamencas ocupaban como un faro los tablaos de madrugada cuando el resto de mujeres seguían confinadas en sus casas. Mi abuela que sacó las sillas al patio en mitad de bombardeo para demostrar que no tenía miedo a morir ejerciendo su libertad cotidiana.    

12.- Hablando de feminismo y teniendo en cuenta lo importante que es para tí el lenguaje, no puedo evitar preguntarte por las reivindicaciones feministas acerca del lenguaje inclusivo y a las que la RAE se niega en rotundo. ¿Qué hay de cierto en eso de que “lo que no se nombra no existe”?

  • Paseando el otro día por un pueblo vi una placa que se mantenía desde la dictadura con la leyenda “Escuela de niñas”. Es evidente que no era para varones. Imaginemos que pusiera “Escuela de niños”. ¿Significa que no podían entrar las niñas? Ay, me temo que no. Discriminaciones tan flagrantes como ésta demuestran la necesidad de reivindicar un lenguaje inclusivo, digan lo que digan los académicos (y académicas).

13.- Ejemplos de la importancia del lenguaje a la hora de construir nuestra identidad sería, por ejemplo, el término “jornalero/a”: según la RAE significa “persona que trabaja a jornal”. Sin embargo, en todo nuestro país- incluida Andalucía- usamos ese término en sentido peyorativo hacia una persona a la que tachamos de analfabeta. ¿Es hora de reapropiarnos de este tipo de descalificativos con gran sesgo clasista?

  • Así es. Y digo más: debemos actualizarlo. Cuando hablamos de jornaleros y jornaleras viajamos en el tiempo a aquella Andalucía rural y empobrecida que exigía una reforma agraria para quitarse el hambre. ¡Cómo si las cosas no hubieran cambiado! Andalucía tiene la mayor superficie cultivable y la segunda masa forestal del Estado. Es la mayor productora de agricultura ecológica. Y la que más aporta al PIB estatal con la actividad agropecuaria. Sin embargo, no recibe en idéntica proporción el valor añadido. ¿Adónde quiero llegar? Que seguimos necesitando una reforma agraria que mantenga vivos nuestros pueblos, dignifique el campo, sume a la mujer y a los jóvenes, lo incorpore a la vanguardia y lo industrialice para recibir en la misma proporción que producimos. Porque los jornaleros y jornaleras del campo ya no son la esencia popular del pueblo andaluz. De hecho, muchos de ellos ya no son andaluces, aunque en Andalucía no hay extranjeros. Los jornaleros y jornaleras de hoy son los trabajadores en precario de los bares, de los hoteles, los jóvenes que emigran, las madres que limpian casas o cuidan a nuestros mayores, los becarios, investigadores, opositores… Esos son los que trabajan a jornal. Y muchos, sin cobrar.   

14.- La lucha de clases sigue vigente en nuestros días, y de manera más incrementada en Andalucía. ¿Somos presos de una desigualdad intrínseca contra la que no se ha combatido adecuadamente?

  • Toda la razón. Y duele decirlo tras 40 años de autonomía que no se ha ejercido para lo que se ganó: acabar con las desigualdades sociales, sin renunciar al Estado del Bienestar. Sólo un necio o un ignorante podría negar que la Andalucía de 2021 no es la de 1977. Pero sólo un necio o ignorante podría afirmar que hemos resuelto nuestra dependencia económica. En otras palabras, una de las cepas de los males estructurales de Andalucía se llama centralismo. De ahí que la reivindicación social y la territorial sean inseparables como uña y carne.

15.- Un referente sobre esto es Blas Infante, un gran hombre invisibilizado y sobre el que has escrito y hablado en varias ocasiones. Si tuvieras que definirlo de una manera breve para suscitar el interés de nuestros lectores/as, ¿cómo lo harías?

  • Me confieso radicalmente infantiano. Por encima de todo, era una buena persona. Era incapaz de pisar una hormiga, lo asesinaron y arrojaron su cadáver a una fosa común. Y a pesar de ello, sigue vivo en nuestras conciencias y en nuestros corazones. Porque fue capaz de condensar toda su ideología revolucionaria, ecologista, universalista, libertaria y humanista en el andalucismo, hasta somatizar Andalucía en carne y hueso. Nadie como él conocía nuestro sincretismo espiritual por vivido. Creo que ahí radica la razón de su intemporalidad. Y por eso es tan despreciado por quienes defienden un modelo excluyente donde no caben los distintos. Blas Infante radiografió nuestra esencia diversa, intercultural, rebelde y eterna. De ahí que escribiera “sin ser leído seré despreciado”. Y yo suelo añadir: “Y amado”. Creo que Blas Infante debe ser leído y entendido con las palabras de entonces y los ojos de hoy. Su pensamiento es más necesario que nunca.

16.- En la era del individualismo, capitalismo y globalización, ¿son los barrios un arma política? ¿Qué podemos hacer para acercar a los jóvenes la importancia de la colectividad?

  • ¡Qué magnífica pregunta y qué difícil respuesta! No podemos abstraernos al magnetismo de las bandas anchas, los vídeos juegos y las redes sociales, los nuevos barrios virtuales. Están ahí y cada vez lo estarán más y con más fuerza. Sin embargo, nadie vive en ninguna parte. Y, con sinceridad, no veo a un pueblo mediterráneo como el andaluz encerrándose como ermitaños al modo de los hikikomori japoneses. Lo que sí es cierto es que ha cambiado nuestro modo de interrelacionarnos, seamos jóvenes o mayores, acentuado a peor con la pandemia. Y tenéis razón al afirmar que deben ser los barrios y quienes habitamos en ellos los que creemos una red humana que sirva de trinchera frente a la insolidaridad y la deshumanización. Es curioso cómo se ha desactivado el asociacionismo juvenil en los últimos años, quedando reducido en Andalucía al ámbito de las cofradías y de clubes deportivos. En ambos casos, los jóvenes suelen ser protagonistas para el espectador, pero subalternos en la toma de decisiones que adoptan los mayores. Ahí está la clave. En que han delegado su destino en otros que no son ellos ni ellas. En qué critican a quienes no se preocupan de sus problemas, pero no asumen la responsabilidad de afrontarlos desde la cooperación y el asociacionismo. No quiero generalizar ni transmitir pesimismo, todo lo contrario, porque conozco muchos casos de jóvenes muy comprometidos con causas sociales de cercanía, luchando contra la gentrificación o turistificación de sus barrios, por ejemplo. En ellos deposito mi esperanza. Porque en lo cercano está la barricada. Sin duda. Claro que aplaudo y reconozco la labor de quien se compromete contra el cambio climático o los derechos humanos, faltaría más. Pero el coste de quien lo hace en su propia calle, en su propio bloque, en su barrio, es mucho mayor porque tiene al enemigo más cerca, de cara. 

17.- Hoy en día todo el mundo puede compartir su obra a las redes sociales. ¿Crees que esto desvirtúa la Poesía o, por el contrario, contribuye a la riqueza intelectual y facilita el acceso a la Cultura?

  • Ambas cosas, la verdad. La generación de estos barrios virtuales permiten compartir versos entre comunidades pequeñas y, en determinados casos, hacerse virales. Yo mismo lo he hecho. Pero también es cierto que alimenta el ruido de fondo que lo engulle todo, lo bueno y lo malo, con especial dolor cuando devora la literatura de calidad e innovación. El monstruo de la sobreinformación daña tanto como beneficia a la literatura. De una parte, es casi imposible que hoy pudieran ser reconocidos como autores de masas a Julio Cortázar, Emily Dickinson o James Joyce, pongamos por caso. Pero también es cierto que les sería más asequible divulgar sus creaciones aunque se las engulla el agujero negro de esta oferta infinita. Soy partidario de una fórmula mixta que abra las puertas a cualquier creación y mantener editoriales que prestigien de alguna manera los lenguajes diferentes, de calidad o de vanguardia.

18.- “Mi vida se fue a la mierda el día que lo conocí”: así comienza tu novela ‘El Soldado asimétrico’. Vivimos tiempos de lo que podría denominarse como la capitalización del amor, posibilidades y oportunidades en cada esquina… y entre tanto olvido, ¿hemos olvidado también lo que es el amor sano?

  • ¿Y qué es el amor sano? Siempre que amé, me astillé el alma. Para mí el amor sano significaría, en todo caso, asumir el riesgo a ser dañado, desde el compromiso de no dañar. Y siempre, siempre, con el límite de no consentir la infelicidad. Estos sentimientos son universales e intemporales. Por más que cambie el ser humano, aunque nuestros cuerpos evolucionen y perdamos dedos de los pies o desaparezca el apéndice, seguiremos amando, deseando amar y ser amados. 

19.- ‘Daño’ es el nombre de tu poemario. Y hablando de amor, ¿es el dolor parte innegable de él?

  • El daño es consustancial a la vida.

Ha sido un verdadero placer contar contigo. Te hemos escuchado en alguna ocasión decir que “nos une el abrazo” y, sin lugar a dudas, si el abrazo tiene una imagen esa eres tú, Antonio. Mil gracias por dar voz, luz y orgullo a Andalucía. Un saludo.

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